viernes, marzo 27, 2009
Mis días
Generalmente van así:
Cuando recién me levanto, no tengo tiempo de ningún sentimiento ni de ocupar mi mente con otra cosa que no sea el sueño y alistarme para ir al colegio. Y así es hasta que subo a la movilidad, entonces puedo escuchar música con mi celular y pensar en lo que sea: en la letra, en la melodía, en historias, en lo que se viene y en lo que pasó el día anterior. Es una de mis partes favoritas del día; sí, asi de melómano soy.
Llego al colegio, por desgracia. Me paso el día contando los minutos para los recreos y la salida. Y ya sea en clases o en descanso, me voy sintiendo peor con el transcurso del día: viendo a Mariela, viéndola con otros chicos, viéndola lejos de mí, viéndola sin hablarme, viéndola sonreir. Como si fuera poco, han puesto un nuevo jodido sistema de calificaciones que me estresa infinitamente. ¿Por qué mierda tenemos que saber que un tal Vyasa escribió el Mahabharata? ¿De qué me va a servir tanta estupidez que nos enseñan? Pero dejémoslo de un lado.
Si logro mantener la mente ocupada, leyendo o conversando -últimamente no puedo escribir ahí-, se hace soportable, pero eso no impide que una vez que suene el timbre de salida, diga para mí mismo "let's get the fuck out of here".
Una vez más subo a la movilidad y me vuelvo a perder en la maravillosa música. Esta tiene un poder increíble; puede poner sentimientos en nuestras almas y palabras en nuestras bocas. En fin, es una especie de anestesia.
Llego a mi casa y, a penas se abre la puerta, hay una colita agitándose. Tifa me hace olvidar todo por un momento. Es la única que de todas maneras me arranca mínimo una sonrisa diaria. Es tan preciosa, graciosa, cariñosa, alegre y juguetona. Suele seguirme cuando camino por la casa, me hace acordar a los animales familiares de los brujos. Es una compañera inigualable. Sólo ver esa colita moviéndose, o esa lenguita sobresaliendo de su boquita puede transformar mi expresión en una sonrisa.
Luego de almorzar, vengo aquí, a la computadora. Si es algún día de lunes a jueves, hago la tarea, si me da la gana; si es viernes, no la hago. Frente a este monitor puedo inyectarme más anestesia. Entro al msn y, casi automáticamente, busco ese nick del que creo ya haberme memorizado su lugar. A veces lo encuentro, a veces no. Da igual, no suelo hablarle, sino poner música y esperar que ella me hable respecto a esta, cosa que nunca pasa, por lo que suelo terminando hablándole.
Últimamente he estado escuchando "Hurt" de Johnny Cash. Me siento tan identificado con la letra. Ayer, antes de apagar la computadora, estuve leyendo conversaciones pasadas, en especial las de Klafer, Sofía y Mariela. Da nostalgia; se siente como la parte de la canción que dice "everyone I know goes away in the end". No puedo creer que haya conversado tan alegremente con Sofía, ni que Klafer me pusiera caritas felices después de yo decir algo realmente estúpido. Con Sofía no he vuelto a hablar. Klafer ya no se conecta. Cuando leí las conversaciones con Mariela, una de las primeras líneas que vi, decía "piero, me gusta jose". Como si no lo supiera... Me lo ha dicho tantas veces de la misma exacta manera, y fue una de las últimas cosas que me dijo el día anterior a eso, creo.
Finalmente, se va acabando el día. Si es de lunes a jueves, me baño antes de dormir; si es viernes, no. Mi cama me da el sueño, el sueño me da el reposo mental y emocional que he necesitado casi durante todo el día; lo anhelo y detesto tener que dejarlo tan temprano al día siguiente.
Los sábados y domingos van de manera diferente. Los sábados son relajo total y Cenfol. Los domingos también me relajo y hago las tareas que quiera. Creo que la noche en la que menos me gusta ir a dormir es la del domingo, porque sé que al día siguiente comienza todo otra vez.
Y con cada día que pasa, me convenzo más de que no la merezco.
escrito en silencio a las 4:29:00 p. m.
0 comments
0 comments