viernes, abril 18, 2008
Viajero
"Cuando oigas a un niño preguntar, por qué el sol viene y se va, dile, porque en esta vida no hay luz sin oscuridad"
Estaba cubierto de telas y túnicas de pies a cabeza, a penas había un pequeño agujero por el que podía ver con un ojo. Llevaba una gran vasija atada a la espalda, llena de curiosidades. Pedazos de espejo, metal, madera y un pesado collar de piedras adornaban su presencia.
A la una de la mañana, se cruzó en su camino con unos viajeros montados en burros, de los cuales sus pasos contrastaban con el pesado caminar de los pies cubiertos del viajero. Al verlo, los viajeros vieron el brillo de la luna reflejado en los espejos y algunos metales. El viajero misterioso se puso frente a los burros y le dijo a los viajeros que estaba hambriento, de tal manera que, en vez de parecer que estaba rogando por comida, parecía estar exigiéndola. Los viajeros pensaron que era un asaltante muy tonto, al verlo solo y sin armas. Pusieron las manos sobre las empuñaduras de sus cuchillos por precaución, y tranquilamente le explicaron que no tenían nada que comer, que comerían al llegar al pueblo más cercano, al amanecer. Al ver que el misterioso viajero no se iba, se bajaron de sus burros, dejaron al descubierto sus cuchillos y le advirtieron que si no los dejaba seguir, tendrían que hacer algo no muy agradable. El viajero misterioso se acercó a ellos y les volvió a decir que tenía hambre. Ambos viajeros lo apuñalaron en el pecho, una vez..., dos veces..., tres veces, pero él no caía. Uno de ellos paró y le cogió la mano al otro, lo miró con los ojos llenos de terror, terror que se transmitió al otro viajero, al entender de lo que su compañero se había dado cuenta. Sin que pudieran articular palabra, la cara del viajero misterioso quedó al descubierto mostrando una sonrisa ansiosa que, con mordiscos lujuriosos, despojó a los viajeros de su preciado elixir carmesí: de sus vidas. La sonrisa se tornó roja y satisfecha. El viajero misterioso volvió a cubrir su rostro y siguió su camino, no sin antes llenar su vasija de la evidencia de su crimen. Nadie quiere que se repita el incidente de la santa inquisición, ¿verdad?
escrito en silencio a las 5:40:00 p. m.
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